
La cápsula
La habitación de hotel en versión natural, ubicada entre el bosque y el rocío del mar en Seignosse. 16 m² muy bien pensados, sin concesiones: madera clara, gran ventanal que se abre a los pinos, baño real y minibar para regresar tarde de la playa o al atardecer.
Un capullo compacto, elegante y acogedor, perfecto para disfrutar de lo esencial, relajarse, respirar... y decir de forma muy sencilla: vale, me quedo.
La mini villa
42 m² diseñados para compartir sin pisarnos, en el corazón de la atmósfera de Seignosse en las Landas. Dos dormitorios reales, dos baños cómodos, una cocina como en casa y una sala de estar que se abre ampliamente a la terraza, entre la sombra de los pinos y la luz del suroeste.
La Mini Villa es el formato de familia o amigos que mantiene el espíritu vacacional: cada uno tiene su propio espacio, la arena aún en sus pies y, de todos modos, todos juntos.


La suite
40 m² de puro confort y poesía equilibrada, ubicados en el corazón del bosque de Seignosse, en las Landas. Una gran terraza bioclimática para vivir al aire libre desde la mañana hasta la noche, una verdadera sala de estar, un hermoso y acogedor dormitorio y este ambiente tan particular que nace de la mezcla entre pinos, arena y aire yodado.
El tipo de lugar donde te duermes con el sonido del viento en los árboles... y donde siempre quieres quedarte una noche más.
El espejo ÖÖD
21 m² casi invisibles, perfectamente integrados en el paisaje de Seignosse. Su fachada con espejos captura el bosque de las Landas, el cielo del Atlántico, las variaciones de luz a lo largo del día... hasta que la arquitectura desaparece.
En el interior, un capullo elegante y minimalista, es la naturaleza la que se convierte en decoración viva. Una experiencia sensorial, entre el océano cercano y los pinos hasta donde alcanza la vista, con ese pequeño efecto sorpresa que convierte cada momento en un recuerdo.


El albergue
Un diseño atrevido, un alma responsable con el medio ambiente y un fantástico baño de naturaleza en Seignosse. Un refugio refinado, abierto al bosque de las Landas, donde la luz circula libremente y donde se respira cada detalle.
El lugar ideal para dejar las maletas, reducir el ritmo, dejarse atrapar por el aire del mar y ser uno con el paisaje.









