Las manos en la arcilla
Este verano, entre los pinos y el océano, más de 230 veraneantes dejaron el móvil para meter las manos en la arcilla. Detrás de estos talleres está Lina, fundadora de Solua Atelier, afincada en el País Vasco.
Para su primera temporada con nosotros, ideó dos propuestas: un taller de modelado y un taller de pintura sobre arcilla, abiertos a todos, desde los más pequeños hasta los adultos. En esta breve entrevista, Lina repasa su verano: sus inspiraciones, sus encuentros y lo que espera que cada uno se lleve, más allá del objeto.

Arcilla y sol
Solua Atelier nació a finales de 2024, con las ganas de reencontrarme con mi pasión por la creación. Empecé creando en mi taller, en torno a la arcilla. Me encanta el contacto con este material y la libertad que ofrece: las posibilidades son infinitas.
El modelado aporta una verdadera calma. Durante unas horas, desconectas y (re)conectas con tus manos… y, al final, contigo mismo.
El sol, los colores vivos y los pequeños placeres del día a día están en el corazón de Solua. Me inspiro en lo que me rodea, y en el País Vasco tenemos bastante suerte: una puesta de sol, el océano, las fresas del mercado…
Creo piezas coloridas, como pequeños concentrados de alegría para darse un capricho o regalar, que sacan una sonrisa.
El universo de BonjourSauvage me habló desde el primer momento: la reconexión con la naturaleza, el arte de ir más despacio, la invitación a soltar. Es exactamente lo que intento transmitir en mis talleres: un paréntesis creativo reparador, sencillo y alegre, en el que nos tomamos el tiempo de crear juntos y de irnos con un recuerdo hecho con nuestras propias manos.

Dos talleres abiertos a todos
Esta temporada he dirigido dos tipos de talleres.
El primero es el modelado. Nos conocemos rápidamente, propongo distintas inspiraciones para que cada uno elija su proyecto y luego descubrimos el material y los gestos básicos. Paso a paso, los acompaño, dejándoles a la vez libertad para probar por sí mismos.
El segundo es la pintura sobre arcilla. Los participantes eligen una o varias piezas que he modelado previamente, se apoyan en fichas de inspiración preparadas para la ocasión y escogen sus colores de una amplia paleta. Terminamos barnizando la pieza.
En ambos casos, cada uno avanza a su ritmo, conversa, prueba y se va con sus creaciones, como un recuerdo de vacaciones para llevarse a casa.
A quienes me dicen «no soy creativo», les respondo que no son ni los primeros ni los últimos. No hace falta saber dibujar: precisamente estoy ahí para guiar paso a paso. Y, como recuerdo al principio de cada taller, no hay presión por el resultado.
Lo importante es probar y dejarse llevar por la experiencia. A menudo uno acaba sorprendido de lo que ha conseguido crear.
«No hace falta ser creativo: lo importante es probar.»
Un verano de encuentros
Me encanta el momento en que los participantes empiezan a dar forma a la arcilla y sueltan sus primeras impresiones: «qué relajante». También me gusta cuando están tan concentrados que se podría oír volar una mosca y, por supuesto, cuando se van orgullosos de lo que han creado.
Y luego están las palabras que me dejan al final del taller. Una persona que nunca se toma tiempo para crear y a la que este paréntesis le sentó de maravilla. Otra que reencontró a su niño interior. Un padre que me da las gracias porque su hijo de 15 años, que no tenía muchas ganas de venir, al final disfrutó muchísimo.
Estas palabras dan todo su sentido a Solua. Me recuerdan por qué me levanto cada mañana feliz de hacer este trabajo, a pesar de los retos de la vida de autónoma.


Esta diversidad fue genial. Recibí a peques de 2 años, a madres que necesitaban un respiro, a familias, adolescentes, adultos solos o en pareja. Principiantes, pero también personas que ya habían modelado arcilla o pintado.
Cada taller fue único, y eso me permitió afinar mi manera de acompañar a cada persona, sea cual sea su edad, su nivel o su experiencia. Sobre todo, me confirmó que la creación manual puede reunir a públicos muy variados y crear vínculos con facilidad.
Lo que queda y lo que viene
El objeto es un bonito recuerdo de vacaciones. Me gusta imaginar todas estas creaciones que han encontrado su sitio en las casas de los participantes. Pero, sobre todo, espero que guarden el recuerdo del momento, el placer de haber creado y las ganas de seguir dedicándose tiempo, para desconectar y hacer actividades que sientan bien.

Esta primera temporada me permitió entender lo que buscan los veraneantes, acompañar a públicos muy diferentes y mejorar semana tras semana.
Para el año que viene, trabajaré sobre todo la logística: varios talleres por semana, de distintos tipos, con todo el material que llevar cada vez… ¡hay que organizarse! La esencia de los talleres no cambiará: momentos accesibles y alegres, en los que desconectamos y simplemente disfrutamos de estar ahí.









